Al día de hoy, debo reconocer que Autocoaching® no ha llegado a todas las personas que quisiera, que el gran proyecto que me había imaginado aún no se concreta, que la ilusión de mejorar miles de vidas no ha llegado a la cumbre.

En muchos momentos me vi tentado a pensar que se debía a un impedimento de las personas a querer cambiar,  con la sensación de que vamos a peor. A veces me parece que somos especialistas en quejarnos, en defender nuestro trabajo por mal que esté hecho, en ver lo distintos que somos del resto o lo maravillosos que somos haciendo las mayores tonterías. Y si algo nos incomoda le damos la espalda de cuajo, en vez de pensar qué está pasando.

También en ocasiones me acecha la idea de que nos encanta pegarnos por defender nuestra religión, nuestra ideología o el sitio donde hemos nacido. Y ya no sólo pegarnos, porque si además conseguimos insultar al contrario para llenar nuestro ego, estaremos más satisfechos si cabe. Es curioso, porque juraría que todas las religiones buscan la felicidad de las personas. Todas las políticas buscan el bienestar común. Y el sitio donde hemos nacido es algo que decidieron nuestros padres porque en ese momento estaban allí.

Extremos en los que parece que nos encontramos desencadenados y de los que cuesta salir. Porque hasta que no se está en el barranco, no te das cuenta de la profundidad que hay en el siguiente paso. Yo estuve hace unos años, cuando perdí todo en cuestión de segundos, y en donde, cuanta más arrogancia demostraba por haber subido la montaña, mayor se hacía el barranco al que saltaría después.

Me sentí muerto, sin capacidad para trabajar y luchar, y por extensión sin ganas de vivir. Cuanto más pienso en ello, más me doy cuenta de lo ciego que estaba. Pensaba que el tener razón me avalaba y que el mundo se movería por inercia. Era como pensar que tan sólo con querer las cosas, sirve sin más para conseguirlas.

Si bien retener en nuestras mentes la imagen perfecta de lo que deseamos nos ayuda a perseverar en nuestros sueños, lo cierto es que: “Caminante no hay camino, se hace camino al andar”, y si algo está claro es que quien no da el primer paso, por mucho camino que se imagine, no ha hecho más que soñar.


En Happiness Play (antiguo Autocoaching) no se sueña, se trabaja por conseguir las cosas. Primero pensando todo lo que se quiere y no se quiere. Luego marcándose todos los cambios y los objetivos a futuro. Y luego empezando a andar. Es sencillo, pero laborioso ¡ya lo sé!, como laborioso fue en su momento andar, aprender a montar la bici, nadar y todas aquellas cosas que significaron un reto, sin embargo el reto que hoy te propongo asumir tiene que ver con todo aquello que tu felicidad implica.

Llevo años yendo contra corriente, porque hace tiempo pensé en lo que quería y no quería y cada día trabajo en conseguirlo. Estoy caminando hacia mi “yo futuro” y eso involucra algunas veces cambiar mis preferencias a corto plazo. Cada vez que miro al pasado, estoy más convencido de que se puede obtener todo aquello que te propones, y que además, haces por conseguir.

Escuché muchas veces: “es imposible saber los gustos de la gente, son demasiados”. Y otras tantas: “Será imposible hacer algo tan grande”. Y en mi ámbito personal fueron muchas veces: “contra la justicia, por más razón que tengas, es imposible luchar”.

Superar los cambios

Superar los cambios

La verdad, creo que es imposible. No creo que se pueda vivir en un mundo donde todos nos aceptemos seamos del lugar que seamos. Nos queramos tengamos la religión que tengamos. Nos hablemos sin importarnos la lengua que usemos para comunicarnos. Y hasta incluso compitamos seamos del equipo de fútbol que seamos.

Lo que de verdad creo, es que en cada uno de nosotros radica la semilla del cambio, aquella que ha llevado a la humanidad a tantas revoluciones, a los grandes cambios políticos, la que nos mantiene siempre con deseos de ir adelante. Es por eso que el cambio viene y es posible para todos.

Y cuanto más tardes como persona… menos disfrutarás la vida.


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