Hoy en día existe poco pensamiento crítico y muchos gurús tras leerse algunos libros de felicidad y bienestar parece que ya saben cómo se puede gestionar la felicidad. Algo que tiene una alta complejidad y que empieza por aceptar que la felicidad es personal y que debe trabajarse persona a persona. En nuestro último evento de gestión de la felicidad con Innova, tuvimos las siguientes reflexiones:

  • 𝐍𝐨 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐮𝐭𝐢𝐥𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐡𝐚𝐛𝐥𝐚𝐫 𝐝𝐞 𝐂𝐢𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐅𝐞𝐥𝐢𝐜𝐢𝐝𝐚𝐝: Desde diversas disciplinas científicas interesadas en el estudio de la felicidad, se han creado concepciones que ofrecen una cuantificación. Esta cuantificación es inapropiada para responder a una valoración cualitativa, pero es lo único que tenemos y es a partir de estas cuantificaciones que se postulan políticas y actuaciones. Hay que recalcar que, aunque se denomine y se hable de “la medida de la felicidad” o de “la ciencia de la felicidad”, esta manera de hablar es totalmente inapropiada en términos científicos.
  • 𝐋𝐚 𝐅𝐞𝐥𝐢𝐜𝐢𝐝𝐚𝐝 𝐧𝐨 𝐬𝐞 𝐌𝐢𝐝𝐞 (pero se puede gestionar): la felicidad se puede medir de forma personal, pero no de forma organizacional. Ninguno de los indicadores que hay actualmente mide la felicidad, sólo modelan la felicidad cada uno a su manera. Muchas veces, cayendo en planteamientos homófobos o intolerantes. Recordemos que la felicidad es personal, y poner un indicador numérico a algo personal, es inaceptable en términos de análisis de datos.

  • 𝐄𝐦𝐩𝐥𝐞𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐟𝐞𝐥𝐢𝐜𝐞𝐬 𝐧𝐨 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞𝐧 𝐩𝐨𝐫 𝐪𝐮é 𝐬𝐞𝐫 𝐦á𝐬 𝐩𝐫𝐨𝐝𝐮𝐜𝐭𝐢𝐯𝐨𝐬: Aunque hay estudios que muestran que no existe una relación entre empleados felices, clientes satisfechos y beneficios más altos (Chun & Davies, 2009), normalmente se tiende a pensar que es mejor trabajar con personas felices que infelices (Fisher, 2010). También, existe una tendencia a creer que todo lo que se presenta desde la ‘ciencia de la felicidad’ en el entorno laboral es positivo, sin embargo, también puede tener efectos negativos como, por ejemplo, entre otros, dañar la relación con los directivos, dañar la relación con amigos y familias, y hacer a uno más egoísta (Cederström y Spicer, 2015).

  • 𝐋𝐚 𝐧𝐞𝐮𝐫𝐨𝐟𝐞𝐥𝐢𝐜𝐢𝐝𝐚𝐝: 𝐟𝐞𝐥𝐢𝐳 𝐠𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚𝐬 𝐚 𝐭𝐮 𝐜𝐞𝐫𝐞𝐛𝐫𝐨. y la mejor reflexión: por mucha buena habilidad que se tenga, o mucha auto-epigenética que desarrolles, no hay que olvidar que la felicidad es una corresponsabilidad entre los empleados y la empresa o entre los ciudadanos y los gobiernos. Es fácil caer en el error de convertir el problema de la felicidad en las organizaciones en un problema de voluntad y de conocimiento del trabajador. Esos estudios tienden a olvidarse que el animal humano está constituido por el colectivo y, por tanto, sus valoraciones son dinámicas y cualitativas y se conforman a partir el proyecto axiológico colectivo.

Al final la felicidad es algo personal, que con metodologías y herramientas como las que ofrece Happiness Play… ¡podemos aprender a gestionarlas!

 


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